En opinión de Google, lugar donde la humanidad busca sus respuestas, los manchegos somos unos vagos. Pues sí, lo que nos faltaba.
Como somos “gente humilde y con un humor muy especial”, no nos ofendemos cuando se nos llama gañanes, y aceptamos que nuestro manejo particular del lenguaje, siempre cargado de refranes, resulte gracioso. Somos nosotros los que más y mejor nos reímos con nuestros estereotipos, pasados y presentes: desde Don Quijote y Sancho Panza, hasta Don José Luis Cuerda, Don José Mota, o los de Muchachada Nui. Pero vagos no.
El sinfín de lecturas que se han hecho sobre El Ingenioso Hidalgo, coinciden en afirmar que la grandeza del pensamiento de don Quijote no se puede comprender sin la grandeza de La Mancha. Tierra de paso, tierra de nadie, tierra emigrante y secularmente despoblada, tierra morisca y de órdenes militares, de pastores y de caballeros.
Cervantes hizo de nuestro territorio uno de los más famosos del mundo, y de ello estamos orgullosos y agradecidos. Famoso pero no conocido ni afamado. Y aunque él mismo, como sus personajes, es nuestro mejor emblema, nos dejó también cierto sambenito de menesterosos y agraviados.
Tres siglos más tarde, los de la Generación del 98 también nos describen en los mismos términos: “llanura desesperante”, “una extensión gris, negruzca, desolada”, “no hay ni un árbol en toda ella”… Parecería que el “problema de España” fuese esta tierra, en la que el tiempo se había detenido desde que el de la triste figura la recorriera.
No cabe duda de que esta es una visión exagerada y simplista de nuestra geografía, parecida a la que pueda tener alguien que nos mira desde la autovía rumbo al sur y casi siempre en agosto. Tampoco La Mancha era así cuando Cervantes escribió su gran obra. Como cosa curiosa invito a los ciudadrealeños a consultar como era vuestro pueblo en el siglo XVI en: http://publicaciones.dipucr.es/puebloscrealrelacionestopograficas.pdf
A modo de ejemplo, en estas Relaciones Topográficas encargadas por Felipe II en 1576, mi pueblo Malagón, se describe así:
"Es tierra abundosa de leña; las que hay más comunes son encina, robles, quejigos, jara, romero labiérnago, coscoja; hay mucha caza de conejos y perdices, hay algunos venados y puercos, jabalíes, muchos lobos y raposos."
"Hay buena ribera en estos riachuelos y mucha frescura de verano; hay muchos sauces y parras entretejidas y madreselvas y lirios y otras hierbas olorosas y de mucha frescura; hay muchas huertas. Riéganse con anorias de pozos someros; hay muchas legumbres de nabos, cardos, zanahorias, lechugas y las demás ordinarias. Las frutas más comunes, granadas, ciruelas de los más géneros, especial de fraile [que] son muy buenas, membrillos, duraznos, higos…"
"Es abundoso de aguas; hay en cada casa su pozo, los más son de agua dulce, de a do beben los dueños; hay algunos salobres. Van éstos a una fuente de muy buena agua que está a la orilla del pueblo. En el término hay muchas fuentes en diversas partes y las más de ellas de agua muy delgada…"
Todos sabemos que nuestra región se encuentra entre las más desfavorecidas de toda España por causas que sería largo y difícil poder explicar. Como Cervantes, no tenemos mecenas, ni nuestras obras, (…mucho vino, mucho pan, mucho aceite y mucho tocino…), se estrenan en las más refinadas cortes europeas. Pero como El Quijote, estamos seguros de poder complacer a todos los públicos. Creamos lo nuestro, apoyados en nuestra propia concepción del mundo y con la sana intención de venderlo. Al igual que Cervantes que en su afán por buscar lectores, llego a comprar su propio libro pagando medio real por algo que valía no menos de seis.
Así pues, para terminar esta soflama, volvamos al presente, tomemos las arrumbadas armas que nos legaron nuestros sufridos antepasados y apoyados en nuestras tradiciones, hagamos gigantes de molinos y salgamos a crear nuestro propio sueño.
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